Sonetos de Getsemaní

Sonetos de Getsemaní

     Soneto I
 
Al Cristo de la Escucha
(Catedral de Almería)
¿Qué puedo darte ahora, Jesús mío?
Hoy digo: voy tus clavos a quitarte,
para llegar mañana y olvidarte,
sin lágrimas que eximan mi extravío.
Un día te sigo, al otro me desvío;
me plazco en lo mortal, en vez de amarte,
para de nuevo volver a enclavarte
en esa cruz, ¡mi corazón impío!
Mil veces te negué sin amargura,
entregando la vida con flagelo,
herido me dejaste en desmesura.
¡Cristo! ¡Escucha! ¡Apura este duelo!
No dejes que se aleje en senda oscura,
quién es ceniza, siendo Tú el Cielo.

Soneto II

Sé que existe una parte de amargura
en el amor, ¡mas nos quisiste tanto!,
rindiendo la muerte con tal quebranto,
que acallaste el mal con suma holgura.
¡Dios mío!, sin Vos, no hay gloria, ni ventura,
sangre vertida, del averno espanto,
glorificó la cruz el Cielo Santo,
librándonos del caos y su atadura.
¿Quién, al verte de espino coronado,
no sintió de acero punzante daga,
traspasarle el alma lado a lado,
abriendo aguda herida u honda llaga?
¿Cómo no amar a Cristo?, el Resucitado,
si el fulgor del Sol a su Luz se apaga.

Soneto III

Al que está clavado en el madero,
poco a poco le he ido apartando,
voy herido y hállome reptando,
día y noche, a oscuras, sin derrotero.
¡Oh eterna celsitud¡, ¡por ti muero!,
por mí, fiel en tu amor me vas llamando,
a tu encuentro voy a veces olvidando,
al que quiero ¡cuánto!, y aún tanto quiero.
Antes que la mudanza mi alma yerre,
¡Señor!, envíame tu luz a porfía,
antes que el sueño último mis ojos cierre.
Hacia Él, fija el rumbo, ¡alma mía!,
que Cristo, ¡ mi esperanza!, en ti se encierre,
para habitar su corazón un día.

Soneto IV

Por mayo arriban vuelo golondrinas
de Oriente, traen el son de su poesía,
tiñe carmín su frente a cortesía
de Cristo, al quitarle, clandestinas,
de su corona, una a una las espinas;
quiero asirme a su dolor, ¡alma mía!,
adolecer de pena en su agonía,
si aun sangraran algunas peregrinas.
Ya desmaya, en cerco de mastines,
mi plaza de ciprés amortecida,
que en el mundo se place y sus afines.
Mil y una vez olvido, alma mordida,
y a Vos vuelvo, a silbo de querubines,
al Camino, la Verdad y la Vida.
 
José Jaime Capel Molina
Febrero 2014

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