Conferencia: "Romero, mártir por la justicia"

El próximo miércoles 10 de Junio,
en el Aula de Teología, Edificio Fontanar.
C/Arco de Santo Domingo, Murcia.
Hora: 21:00 h.



JuliánFilochoswski, de Londres, amigo y colaborador de Mons. Romero, nos hablará de su experiencia en El Salvador junto al Beato.




El arzobispo salvadoreño Óscar Romero fue un buen pastor que amó a su pueblo y vibró con sus sufrimientos, luchas, sueños y esperanzas. Fue un hombre que, movido por el Espíritu, proclamó con fuerza el proyecto de vida de Dios e interpretó los acontecimientos de la historia de su país a la luz de la fe. Se colocó al lado de los pobres y los defendió frente a las violaciones que el Gobierno, los militares y Ia oligarquía cometían contra ellos. Decía: "Mis homilías son la voz de este pueblo, la voz de los que no tienen voz".

Su palabra incomodó a los poderosos de Ia nación. Fue molesta para quieres explotan, excluyen y reprimen a los débiles e indefensos. Es por eso que, al igual que Jesús de Nazaret, fue injuriado, amenazado, perseguido y asesina-do.

Proclamó que la misión de la Iglesia es ser luz en medio de las tinieblas. Anunció la utopía de un mundo nuevo de justicia y fraternidad. "La voz de la verdad y la justicia nadie la puede apagar", decía.

Como todo profeta, denunció eI sistema que engendra injusticia, hambre y muerte. Denunció la ambición económica, la corrupción, la mentira y la prepotencia del

Gobierno y de las fuerzas armadas. El día antes de ser asesinado, en la homilía de catedral, hizo una llamada a las bases de las fuerzas armadas Para que desobedezcan a sus jefes cuando estos ordenan matar a humildes campesinos. Porque "la ley de Dios que dice No matar debe prevalecer sobre cualquier orden de matar".

El 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la Eucaristía en la iglesia de un hospital de enfermos terminales, los escuadrones de la muerte dirigidos Por un alto jefe militar, le dispararon aI corazón. Su sangre se unió a la sangre de Cristo y su cuerpo roto al del Crucificado y a los crucificados de su pueblo.

"Si llegaran a matarme perdono y bendigo a quienes lo hagan. . . un obispo morirá, pero la lglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás, -decía-. Si me matan resucitaré en mi pueblo" .

Los poderosos mataron a un obispo, pero resucitaron a un santo que vive en el corazón de su pueblo, en los pobres y en los pueblos solidarios de la tierra.

El arzobispo Romero proclamaba lo que vivía y vivía lo que proclamaba. Fue un hombre de fe profunda, coherente, veraz, sincero, valiente, creíble y amigo de los pobres y de los jóvenes. En medio de las amenazas y la persecución mantuvo la serenidad, la paz y la alegría. Puso su vida en las manos de Dios.

Hoy 23 de mayo de 2015, el Papa Francisco lo ha beatificado, aunque el pueblo latinoamericano, desde el momento de su muerte, ya 1o proclamó "San Romero de América" .El es símbolo de una Iglesia comprometida con la justicia y la defensa de los derechos humanos. Símbolo de multitud de laicos y laicas, religiosas, sacerdotes y obispos latinoamericanos que fueron asesinados en los últimos tiempos por defender los derechos de los pobres y oprimidos. "Nadie tiene mayor amor que los que dan la vida por sus amigos", dice Jesús. Monseñor Romero vive y es una luz en nuestras vidas y en la lglesia.



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