"Y le pareció que veía nuevas todas las cosas" (Autobiografía, 30)

Ayer por la tarde, tras un finde de naturaleza y de Dios, volvimos varios "loyolitos" de Los Villares, de aquel precioso paraje enclavado en Cehegín y el que siempre nos abre tan gustoso nuestro querido Jesualdo. ...

Un fin de semana de silencio, si bien
 en algún momento aquel se rompió como a la hora de ponernos en camino, en el jeep, para celebrar la Eucaristía en aquella cumbre teniendo al Sol por testigo. O en aquel otro momento en que viandas tocaban cocinar, preparadas y ambientadas por nosotros, buscadores de felicidad.

 El título del retiro era SILENCIO, TOMA DE DECISIONES y DISCERNIMIENTO. Siempre que se participa en este tipo de encuentros, es muy importante la predisposición del individuo, el dejarse mirar por Aquel, por el Creador. De aquí la importancia de acudir con boca pequeña y oídos grandes. La oración no es un monólogo. Es un diálogo pero un diálogo impregnado de HU-MOR (Hu de humildad y Mor de Amor), un diálogo, en fin, enraizado en el humus (tierra fértil), en el suelo, en la realidad, en la vida.

Es el propio Dios el que sale a nuestro encuentro y hay que estar atento pues por el más mínimo vericueto, y en silencio, puede aparecer. Allí concurrieron circunstancias propicias para ello: buen descanso, buenas viandas y buen paisaje, el trípode que ya en el Siglo XVI exigía San Ignacio de Loyola en sus célebres Ejercicios Espirituales.

En esta ocasión se nos invitó emprender un recorrido, colocados en el interior de un canasto, luego descalzos ante una zarza ardiendo, subidos en un dromedario dando vueltas por el desierto y, al final, el que pudo, avistó de fondo la Tierra Prometida como tierra de misión que con ilusión uno divisa. Avistada o no tierra de misión, todos en medio del desierto pudimos reconocer, junto a Moisés, la mano de Dios con la lluvia del maná en la dura travesía.

Tal es así que en previsión a las dificultades del camino, Justo nos hizo hincapié que la vida es como un puzzle, que si bien en un momento no comprendemos el por qué de una situación, después con el transcurso del tiempo uno llega a comprender que todo ha sido necesario en el sendero hacia la plenitud. La contemplación del desierto nos sirve para revisar heridas cicatrizadas, dando gracias a Dios por ellas así como ayuda también para descubrir otras nuevas donde a Él debemos dejar entrar.

Siete personas hicimos durante ese día y medio un recorrido, un caminar, su caminar. Esto hace que cada uno vaya a su ritmo, con tiempos distintos a los de otros. Unos se entretienen más en Egipto y en el palacio del faraón, otros en el desierto y... el más ágil, en la tierra de misión. La experiencia de uno con Dios, relación personal.

Sea como sea, Dios susurró a todos algo, todos volvían a casa con una consigna, con una reforma vida. Sí, no fue un finde en balde. Dios apuesta por el hombre aun cuando a éste le cueste creérselo por esas ideas que intenta encuadrar en su cabeza. Que no!!!!!!!!!!!!!! Que Dios no es abarcable, Dios en un misterio. Lo entiendes??? o, mejor dicho, lo sientes en tu corazón???

Como decía León Felipe

Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol...
y un camino virgen
Dios




 PD: Gracias a Justo Prieto SJ y Jesualdo por este finde que hemos tenido. Sin ellos, imposible. Gracias
PD: de fondo he puesto, no sabía su nombre, ROMANCE ÁNONIMO. El sábado noche lo oí tras la cena evocándome recuerdos de noches granadinas en la carrera del río Darro de Granada.
PD: he puesto una foto de la cumbre, tomada en invierno.


Felipe Ferreres,
Comunidad Loyola de Murcia

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