Iglesia de Santo Domingo.

Capilla del Rosario e Iglesia del Convento de Santo Domingo el Real

Iglesia de la Compañía de Jesús en Murcia
Plaza de Santo Domingo – Plaza Julián Romea – 30001 Murcia

Celebración de la Eucaristía
Todos los días: 8.00, 20.00, 21.00
Domingos y festivos: También a las 13.00 (Misa de familia los domingos)

A los visitantes de esta Iglesia

La Comunidad de la Compañía de Jesús en Murcia y la comunidad cristiana que se reúne en esta iglesia les dan la bienvenida. Deseamos que su visita a esta iglesia les ayude a acercarse a lo religioso desde el arte, la historia y la cultura. Fueron hombres de fe los que la hicieron y su fe se expresó en arte y cultura, que hoy pueden contemplar.

Origen histórico

La Orden de Predicadores vino a Murcia con la reconquista de la ciudad a los árabes en tiempos de Jaime I el Conquistador. Primero tuvo su residencia en las inmediaciones del Almudí. En 1270 el Rey Don Jaime, en virtud de un reparto de tierras en el que intervino Jacobo de las Leyes, otorgó a los religiosos dominicos una parcela de 22 tahullas en este lugar, comprendiendo lo que hoy es el Teatro Romea, en terreno perteneciente al Alcazar Seguir, Palacio del Rey moro (hoy Convento de Santa Clara). Aquí se construyó el Convento de Santo Domingo el Real y su Iglesia primitiva, donde se erigió el Colegio de Artes y Teología, siendo un importante centro cultural en la ciudad. Entre 1253 y 1264 fue Escuela conventual dedicada a los estudiantes dominicos. Hacia 1515 los estudios estaban reducidos a dos cátedras, una de Teología moral y otra de Artes. Al cerrarse en Túnez en 1528 la Escuela de Lenguas orientales, el Colegio murciano toma un nuevo auge con cátedras de lenguas árabe y hebrea.

La Compañía de Jesús estuvo presente en Murcia, casi desde sus orígenes, en la Iglesia de San Esteban y con dos Colegios: el de San Esteban y el de la Anunciata (hoy Casa de los nueve pisos), cuya portada se conserva rotulada como Fábrica de seda, uso al que se dedicó en su nuevo destino. Con la expulsión de la Compañía de Jesús en tiempos de Carlos III inexplicablemente estos edificios pasan a ser propiedad de la Corona (hoy de la Comunidad Autónoma de Murcia), ya que las Iglesias de la Compañía en aquel momento mantuvieron su uso religioso bajo la responsabilidad de los Obispados. Murcia fue la excepción.

Cuando los jesuitas regresan a Murcia en 1871, los Dominicos han abandonado su presencia en la ciudad. En 1886 la Cofradía del Rosario cede perpetuamente a los jesuitas, para su reconstrucción y culto, la actual Iglesia de Santo Domingo que ya forma una unidad con la Capilla del Rosario.

Capilla del Rosario (A)

(Entrada por Plaza de Santo Domingo)

Desde el siglo XII se extiende entre los católicos la devoción del Rosario, como oración del pueblo cristiano, ya que la liturgia de la iglesia se sigue celebrando en latín, lengua ya desconocida por el pueblo que habla lenguas romances. Los 150 salmos de la liturgia de las horas se sustituyen por 150 avemarías, organizadas en grupos de 10, mientras se contemplan los misterios de la vida de Cristo gozosos, dolorosos y gloriosos. La orden de Predicadores, a través de Cofradías o Asociaciones seglares, propaga y difunde la devoción del Rosario. Estas Cofradías tuvieron una vida intensa, siendo promotoras y gestoras de actividades devocionales y culturales. La victoria de la Armada cristiana sobre la turca en el Golfo de Lepanto el 7 de octubre de 1571, atribuida a la Virgen y al rezo del Rosario, será determinante en la consolidación de esta devoción mariana.

En el siglo XV existe una Capilla de la Cofradía del Rosario en Murcia, en el mismo terreno de la actual, que debió ser insuficiente para las necesidades del culto. La Cofradía decide una ampliación a sus expensas, de acuerdo con el Provincial de la Orden de Predicadores Fray Vicente Calvo, acordada el 5 de noviembre de 1543. El 27 de diciembre de 1549 se acordó “que se acabe de hacer la portada y se pongan puertas” y a finales de 1550 se concluyó el muro que la separaba del Mercado de Santo Domingo, en la Plaza del mismo nombre. En mayo de 1551 se nombran obreros y en julio del mismo año se designa Maestro revisor de las Obras a Juan Rodríguez, a quien el Cabildo recibió por cofrade “con derecho a ser enterrado en dicha Capilla”. La lentitud de las Obras fue notoria. El Papa Gregorio XIII instituye la festividad de la Virgen del Rosario, con motivo de la victoria naval de Lepanto. El 5 de abril de 1575 fue finalmente consagrada por el limo. Sr. D. Pedro Corderos, Obispo Christopolitano, sufragáneo de Valencia, siendo Obispo de Cartagena el Ilmo. Sr. D. Gonzalo Arias. En 1589 se cubren las capillas laterales para enterramientos. La culminación de la Capilla se logró el 6 de octubre de 1591 con la traslación de la imagen de la Virgen del Rosario.

Fachada exterior (1)

La portada exterior, en la Plaza de Santo Domingo, y la parte correspondiente al Camarín de la Virgen, apoyado en el Arco de Santo Domingo, son obra de Toribio Martínez de la Vega (siglo XVIII). La escultura de la Virgen con el Niño, que corona la portada (siglo XVI), se atribuye al escultor y arquitecto Pedro Monte. Otros autores atribuyen esta imagen al Hermano jesuita Domingo Beltrán, que trabajó en el Colegio e Iglesia de San Esteban, primer Colegio e Iglesia de la Compañía de Jesús en Murcia, donde dejó su impronta en el magnífico Cristo de la Misericordia.

Arquitectura de la Capilla del Rosario

Tiene planta rectangular, dividida en tres tramos, con nave central y seis capillas laterales. El presbiterio tiene cabecera de trazado exagonal. Las semicolumnas se organizan a partir de un gran plinto o pedestal de más de un metro de altura. Son de orden dórico. La Capilla se cubre con bóveda de medio cañón bastante rebajada, dividida en tres tramos por sendos arcos fajones sobre los que se voltea. El presbiterio se cierra con bóveda de cascarón, adaptada al trazado poligonal de los muros sobre los que se eleva. Es un conjunto del Renacimiento español.

La construcción se encuentra hoy adosada al templo conventual de la Orden de Predicadores, constituyendo la prolongación del crucero del templo. Capilla y templo estuvieron separados por una verja y coro alto, suprimidos al reedificar el nuevo templo dominico en el siglo XVIII.

Altar Mayor (2)

En el Camarín central se encuentra la imagen de la Virgen del Rosario, titular de la Capilla, que, según tradición, es una de las que iba en las naves de la Batalla de Lepanto. El camarín está adornado con un centenar de ángeles, unos completos y otros en busto, todos de talla. Poseía un buen lienzo para el Bocaporte de la Virgen del Rosario que hoy corona el altar mayor de la Iglesia conventual.

El retablo posee ocho cuadros con escenas evangélicas y dominicas de discípulos de Zariñena, siglo XVIII.

El retablo, muy recargado, de 1707, desaparece en la guerra civil española de 1936. El actual, mucho más sencillo, es obra del arquitecto jesuita Angel Rovira (1953), realizado en parte con los restos del anterior. Las pinturas que se dejan ver en la parte alta, tapadas por el anterior retablo, son de Mateo Gilarte, cofrade de mérito del Rosario desde 1660. Es una gloria pintada al fresco y la Santísima Trinidad, con alegorías de la Iglesia militan¬te y triunfante. A los lados: izquierda, medallones con las efigies del Dux de Venecia y de San Pío V; derecha, de Felipe II y D. Juan de Austria, todos ellos protagonistas de la Batalla de Lepanto.

En los tramos de la bóveda de la Capilla hay otras pinturas al fresco de Mateo Gilarte: La Asunción de la Virgen al cielo, La Ascensión del Señor y La Anunciación del Ángel Gabriel a María.

Capillas laterales

Primera capilla a la derecha: En el altar preside San Ignacio de Loyola, talla de arte popular. Cuadro “Calvario”, de discípulos de Zariñena. (3)

Segunda capilla a la derecha: Retablo de Artesanos de Segovia con dos imágenes: San Francisco Javier, talla del murciano Nicolás Bussi (1688-1705) y San Francisco de Asís, de Roque López, discípulo de Francisco Salzillo (1707-1783). En el centro, en vitrina, Imagen de la Virgen Niña, de Francisco Salzillo. Además dos cuadros: Inmaculada y Santa Águeda, de autores desconocidos. (4)

Tercera capilla a la derecha: Cuadro de Senén Vila titulado “Quema de escritos” (siglo XVIII).

Primera capilla a la izquierda: Cuadro dé la Batalla de Lepanto, de Juan de Toledo, natural de Lorca (Murcia), combatiente en Lepanto y fallecido en Madrid el 1 de febrero de 1665. Mateo Gilarte es el autor del medallón de la Virgen con el Niño, ornado de flores, que corona el gran cuadro, encargado a él en 1603 por los Marqueses de Almodóvar, bienhechores de la Cofradía del Rosario, cumpliendo el voto de un progenitor suyo asistente a la batalla. En las cuatro esquinas del cuadro hay cuatro medallones con los protagonistas de la batalla: el Papa San Pío V, Felipe II, el turco vencido Solimán o Alí-Bajá y D. Juan de Austria, el Almirante cristiano vencedor. (6)

Segunda capilla de la izquierda: Talla de la Inmaculada, copia de la de Alonso Cano y San Jacinto de Polonia, de Senén Vila. Además un cuadro de la Virgen Niña, Santo Domingo y San Francisco. (7)

Sobre los arcos de las Capillas laterales, en la parte alta, hay cuatro grandes lienzos (tamaño 3,84 x 2,53) enmarcados, obra culminante de Mateo Gilarte: a la izquierda: Ester desmayada en presencia de Asuero (El desmayo de Ester) y Santo Domingo formando con rosas el rosario (El milagro de las Rosas); a la derecha: sobre la Capilla antiguamente dedicada a San Roque, Moisés ante la zarza ardiendo y sobre la Capilla antiguamente dedicada a la Virgen de los Desamparados, La lucha de Jacob con el ángel. Su ubicación actual es la misma que tenían en el siglo XVII, en que se pintaron.

Sobre la primera Capilla, a ambos lados del presbiterio, se encuentran dos tribunas, con balcón y reja, a través de las cuales los Marqueses de Almodóvar, patronos y protectores de la Cofradía del Rosario, asistían a las celebraciones litúrgicas.

El cuadro de la Batalla de Lepanto estuvo originalmente ubicado sobre la reja divisoria de la Capilla del Rosario con el templo conventual, bajo el coro desde el que asistían al culto mariano los religiosos dominicos.

En la Capilla del Rosario hay 7 imágenes y 19 cuadros.

Iglesia del Convento de Santo Domingo el Real (B)

(Entrada por Plaza Romea)

Fachada principal

Frente al costado este del teatro Romea, en la calle Echegaray, se levanta la fachada principal. El cuerpo inferior es sobriamente renacentista. El superior, con detalles barrocos, tiene en el centro las estatuas de piedra de Santo Domingo y San Francisco, abrazándose al pie de la cruz de Cristo. Esta talla se conoce como “El abrazo de San Francisco”. En los laterales están los escudos de la Orden franciscana y de la dominicana.

Iglesia Conventual

La planta está constituida por dos grandes rectángulos, que se unen formando escuadra. La parte que va de Este a Oeste es la Iglesia, que consta de tres naves. En sentido Sur a Norte, como prolongación del crucero, se sitúa la Capilla del Rosario, más antigua. La Iglesia data originariamente del siglo XIII (1272)/ rehecha y ampliada en el siglo XVIII, en estilo barroco.

Entrando, a mano derecha, se encuentra el cuadro de San Francisco de Asís, de Joaquín Campos (1809). (8)

En el arco siguiente: cuadro de San Sebastián Magil, dominico, orando ante el crucifijo, de autor desconocido. (9)

En el segundo arco: cuadro de Santa Apolonia, patrono de los Odontólogos, de Juan Ruiz de Melgarejo (siglo XVIII). (10)

Primer altar: imagen de San Joaquín y la Virgen Niña, de Salzillo. (11)

Segundo altar: Santa Zita, patrono de las Empleadas de hogar y titular de la Congregación que tiene sede en esta Iglesia, de imaginería popular. (12)

Tercer altar: Cristo de la Buena muerte, Calvario de Olot. (13)

Entrando, a mano izquierda, al fondo: cuadro muy deteriorado de San Lorenzo Mártir, del pintor murciano Nicolás de Villacis (1650-1690), de la escuela de Velázquez. (14)

En el lateral izquierdo: cuadro de El martirio de San Juan, de autor desconocido. (15)

En el primer arco: cuadro del Beato Posadas, dominico, de Manuel Sánchez. (16)

En el segundo arco: pintura alegórica del pintor actual murciano Manuel Muñoz Barberán. (17)

Primer altar: imagen de Santa Bárbara, del escultor murciano actual González Moreno. (18)

Segundo altar: imagen del Corazón de María, de escuela valenciana. (19)

Tercer altar: imagen de San José, de arte popular. (20)

En el crucero, a mano izquierda, está el altar siempre dedicado a la Virgen de la Aurora, presidido ahora por una imagen de la Virgen de los Dolores, atribuida a Roque López o escuela de Salzillo. En los laterales se encuentran dos imágenes; a la izquierda, San Gonzalo de Amaranto, dominico, y a la derecha, San Vicente Ferrer, ambas de Francisco Salzillo. Esta última imagen formaba grupo con la de Santa Catalina de Siena, hoy cedida a la Iglesia del Monasterio de Santa Ana de Murcia, atribuida también a Salzillo o Roque López. (21)

En lo alto del crucero izquierdo: cuadro de grandes dimensiones sobre el Nacimiento de Santo Domingo, de Mateo Gilarte. (22)

En la Capilla lateral izquierda, entrada a la sacristía, hay un cuadro de la Inmaculada, de autor desconocido, procedente de la antigua Residencia de la Compañía dé Jesús en la Plaza de Romea. También acoge esta capilla una talla de la Virgen Milagrosa, muy venerada, de arte popular. (23)

Al otro lado del altar mayor se encuentra otra Capilla, presidida por una Inmaculada de Joaquín Campos (1810), copia de la original de Juan de Juanes, que se conserva en la Iglesia de la Compañía de Jesús en Valencia. Se encuentra también un cuadro ovalado de Nuestra Señora de la Fuensanta, de gran sencillez y cromatismo, de José María Almela Costa, pintor murciano y maestro de pintores (1947). (24)

El presbiterio, acomodado a la nueva liturgia después del Concilio Vaticano II, está presidido en su parte central por la imagen del Corazón de Jesús, titular del Templo Diocesano del Apostolado de la Oración, de gran devoción en Murcia. Es una imagen de rasgos fuertes y expresivos, obra de Antonio Carrión, murciano.

En primer plano, bajo la imagen del Corazón de Jesús, se contempla un crucifijo de proporciones naturales, obra de Vicente Capuz, de Talleres Granda de Madrid (1900).

Corona la parte central un gran cuadro de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús, de Gregorio Sanz. Este cuadro procede de la Capilla del Rosario, del Bocaporte del Camarín de la Virgen y servía para cerrarlo cuando se celebraban otros actos litúrgicos en la Capilla.

En el lado derecho de este simulado retablo de maderas nobles se sitúan dos pinturas de Senén Vila (+1708): abajo, Las tentaciones de San Ambrosio de Sena; en alto, Las tres Margaritas, de Cortona, de Hungría y de Castellote.

En el lado izquierdo se encuentran: en bajo, San Antonio de Florencia; y en alto, San Pedro Mártir, ambos dominicos, también atribuidos a Senén Vila. (25)

A derecha e izquierda del presbiterio se encuentran dos grandes cuadros con santos y mártires jesuitas, atribuidos al H. Coronas, S.J., comienzos del siglo XX. En el lado derecho, San Ignacio de Loyola, San Juan Berchmans, San Pedro Claver y San Alonso Rodríguez. En el lado izquierdo, San Ignacio con confesores y mártires jesuitas. (26)

En el suelo de la Iglesia, bajo las bóvedas de lo que debió ser la antigua Capilla mayor de la Iglesia, se encuentra, no localizada, la sepultura del escritor, humanista e historiador de Murcia Licenciado Francisco Cascales, nacido en Fortuna en 1 564 y fallecido en Murcia en 1642. Así lo atestigua una lápida que se encuentra a la entrada derecha de la iglesia.

En el paso a la sacristía, detrás del altar mayor, hay dos cuadros de Vicente Inglés: San José y San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña (La Virgen aprendiendo a leer). En este mismo sitio está un cuadro de Dominicos y Vírgenes, atribuido a Senén Vila. La Virgen leyendo, de escuela italiana, y otros de escuela valenciana. (27)

En las pechinas de los lados del presbiterio hay dos imágenes: a la derecha, San Ignacio, de Talleres Granda de Madrid, y a la izquierda, la Virgen de la Aurora, de escuela napolitana. (28)

La Iglesia conventual de Santo Domingo posee 25 cuadros y 16 imágenes.

Texto de Eugenio Contreras, S.J.
“La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe… Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida”.
Juan Pablo II. Al Pontificio Consejo para la Cultura. 6 de junio de 1982.

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